Casarse como la Tercera Nuera

Casarse como la Tercera Nuera

 

En la aldea Đông, un lugar de apenas una veintena de familias, todos conocían y admiraban a la familia del Sr. Thân, bendecida con dos hijas de notable belleza y virtud.

La hermana mayor, Xuyến, de 19 años, había sido dada en matrimonio a la familia del Juez Lý, dueña de grandes propiedades y temida por su riqueza y su dureza. Xuyến, que se parecía a su madre, poseía un rostro redondo y bondadoso, y una dulzura en su hablar que encantaba a todos. Antes de casarse, había enseñado a leer a los niños de la aldea. Se decía que casarse con ella era una gran bendición.

La hermana menor, Xuân (Esmeralda), era dos años menor y mucho más testaruda e independiente que su hermana. Tenía el carácter aventurero de su padre, el Sr. Thân, y no soportaba la inmovilidad. La familia, que gozaba de buena posición económica, permitió que sus hijas se educaran. Xuyến asimiló la cultura tradicional, y Xuân, con su propio vehículo, se atrevía a ir a la ciudad para estudiar las nuevas tendencias.

Xuân era muy hermosa: cabello largo hasta la cintura, un rostro delicado con dos hoyuelos que aparecían al sonreír, capaces de hacer que cualquier joven cayera rendido. Sin embargo, ella no se apresuraba a casarse; esperaría a la persona que realmente la cautivara.

Xuyến se había casado con Hai Phúc (el segundo hijo), y Xuân admiraba su unión. Xuyến le había contado que se conocieron cuando ella regresaba de la ciudad y él la encontró durante una fuerte lluvia. Pero el matrimonio era complejo: Hai Phúc era el hijo de la temida Señora Lý, cuya riqueza se forjó a costa del sufrimiento de los campesinos. Xuyến temía la desaprobación de sus padres, pero su amor por Hai Phúc era tan profundo que el Sr. Thân y la Sra. Hiên no pudieron negarle la unión.

La Sra. Hiên estaba preocupada por su hija, que estaba embarazada de cinco meses. “Xuyến me escribió que ha estado muy débil y que no come bien,” le dijo a Xuân. Pero justo cuando hablaban de la preocupación por la salud de Xuyến, un trabajador llegó corriendo, gritando con la cara descompuesta.

“¡Señor! ¡La señora Lý acaba de enviar un mensaje! ¡La señora Xuyến… la señora Xuyến ha tenido una hemorragia fatal y ha muerto!”

La Sra. Hiên se desmayó al instante. Xuân quedó paralizada, su corazón roto. Todo había sido demasiado rápido e inexplicable.

El Sr. Thân, con el rostro endurecido, se preparó para ir a la casa de Lý a averiguar qué había pasado. Xuân insistió en acompañarlo. Al llegar, la casa estaba envuelta en un manto de luto. Hai Phúc, el marido, estaba allí, visiblemente abatido, pero no había rastro del féretro.

“¿Dónde está Xuyến y el bebé?” preguntó el Sr. Thân.

Bà Lý, con su mirada acerada, salió de una habitación. “El maestro de ceremonias dijo que la fecha era propicia, así que la enterramos de inmediato. No pudimos avisar a tiempo. La sepultamos junto con el bebé, detrás del jardín de nísperos.”

El Sr. Thân, devastado, solo pudo arrodillarse ante el retrato de su hija. Pero Xuân sintió una anomalía: la prisa con la que Bà Lý había actuado sin avisar a la familia de la novia. Ella exigió ir a ver la tumba.

Un sirviente la guio a un lugar desolado. La tumba de Xuyến y el bebé eran dos montículos de tierra simples. Mientras lloraba, Xuân sintió una profunda extrañeza. Al regresar, escuchó la conversación entre el Sr. Thân y Bà Lý. El Sr. Thân aceptaba la muerte, pero advertía: “Si el joven Phúc vuelve a casarse, regresaré a buscar los restos de mi hija.” Bà Lý, en un tono conciliador, aseguró que ella había arreglado todo porque “Phúc amaba mucho a su esposa.”

De vuelta en casa, Xuân sacó el escaso equipaje de Xuyến: un par de vestidos y un cepillo de madera que su madre le había regalado y que Xuyến atesoraba. Al examinar el cepillo a la luz de una lámpara, notó una pequeña inscripción en la madera: la palabra “Huê”. Una vez más, la misma palabra aparecía grabada en un collar que Xuyến llevaba siempre. El rostro de Hai Phúc se le vino a la mente.

“Esto no fue un accidente,” se dijo Xuân. “Algo terrible pasó en esa casa, y voy a descubrir la verdad.”

Xuân ideó un plan osado: casarse con el Cậu Ba Khánh, el cuñado de Xuyến (y marido de Quyên), para infiltrarse en el corazón de la familia Lý.

Khánh, el tercer hijo, era un hombre frío, dueño de una casa de empeños en la ciudad, pero cuando se trataba de Xuân, su corazón se derretía. En una visita posterior a la ciudad, Xuân se encontró “casualmente” con Khánh.

“Me voy a casar pronto,” le anunció Xuân. Khánh, que ya se había enamorado secretamente de Xuân, se sintió devastado.

“Me gustas, Xuân,” le confesó finalmente. “Sé que estoy casado, pero yo no me entiendo con Quyên. Te prometo que si tú me aceptas, te respetaré y te daré todo lo que necesites.”

Xuân, después de meditar, puso una condición: “Si de verdad me quiere, no se oponga. Déjeme entrar en su casa, y prometo que no se arrepentirá.”

Bà Lý, aunque no entendía por qué su hijo, ya casado con la ambiciosa Quyên, quería una segunda esposa, aceptó la unión, pues se había obsesionado con la idea de que Xuân traería prosperidad.

El matrimonio de Xuân con Khánh fue el paso decisivo de su venganza.

En la casa Lý, Xuân se encontró con un esposo que era un caballero: Khánh la trataba con un respeto inusual, honrando su promesa de no forzar la relación hasta que ella estuviera lista, a pesar de que la casa estaba llena de sirvientes que no creían en ese arreglo.

Pero la casa estaba llena de secretos:

La Dama del Níspero: Xuân se obsesionó con el sirviente Nghĩa, quien cuidaba las tumbas y los nísperos. Su mirada contenía una tristeza profunda y un amor silencioso hacia Xuyến. Xuân intuyó que Nghĩa sabía la verdad.

El Veneno y la Verdadera Conspiración: Xuân descubrió que Quyên y Hai Phúc mantenían una relación adúltera. La ambición de Quyên era desmedida: quería deshacerse de Xuyến para casarse con Hai Phúc y asegurar la herencia. Más impactante aún, descubrió que Bà Lý, la “madre”, no era la madre biológica de Hai Phúc, sino su tía (su hermana había intercambiado a los bebés para asegurar la posición de su hijo).

El plan de Quyên y Hai Phúc para casarse se aceleró cuando Quyên, embarazada de Hai Phúc, anunció falsamente que el bebé era de Khánh, su marido. Bà Lý, extasiada por el nieto, la mimó.

Xuân usó el engaño para ganarse la confianza de Hai Phúc, fingiendo inocencia. Ella sabía que Hai Phúc y Quyên estaban tramando algo, y su oportunidad llegó cuando, en un momento de descuido, Nghĩa la contactó.

Nghĩa, consumido por la culpa, le reveló la verdad a Xuân: Xuyến no murió por la hemorragia. Hai Phúc y Huê (su amante, luego revelada como Mận, la sirvienta) la habían asesinado brutalmente por celos y ambición, y la habían lanzado al río, con piedras atadas a un saco. Sin embargo, en un giro del destino, Nghĩa la encontró a tiempo, la sacó del río y la escondió, cuidándola en secreto en una aldea cercana. Pero Xuyến había sufrido una grave amnesia, incapaz de recordar su vida o su nombre.

Xuân se derrumbó: su hermana estaba viva, pero el precio era el peligro constante y la verdad del horror.

Xuân y Khánh, unidos por esta terrible verdad, confrontaron a Bà Lý. En el enfrentamiento, se reveló que Xuyến estaba viva. Hai Phúc, acorralado, intentó culpar a Mận (Huê), pero la evidencia y el dolor de Xuân eran irrefutables.

El plan de Quyên y Hai Phúc para asesinar a Xuân y su bebé (el hijo de Khánh) se activó. Quyên, intentando simular el aborto de Xuân para incriminarla, bebió el tónico envenenado que había preparado para ella y sufrió un aborto espontáneo, perdiendo el bebé de Hai Phúc.

El caos se apoderó de la casa. Hai Phúc fue arrestado por el asesinato de Xuyến (al creer que la había matado) y Quyên fue humillada. La señora Lý, ante la deshonra y el escándalo, no pudo hacer nada.

Con los culpables neutralizados, Xuân pudo reunirse con su hermana. Xuyến, aunque seguía con amnesia, estaba viva y segura con Nghĩa, el hombre que la amó en silencio y la salvó.

Xuân y Khánh, habiendo superado las pruebas, regresaron a la aldea Đông. Khánh, honrando su amor, renunció a la herencia y a los negocios en la ciudad para establecerse con Xuân, dedicándose a la gestión de las tierras de su suegro.

Xuyến, con el tiempo, recuperó la memoria y se casó con Nghĩa. Xuân y Khánh vivieron una vida plena, y su matrimonio fue bendecido con hijos (gemelos, un niño y una niña).

La historia de las hermanas Thân demostró que, aunque la codicia y el engaño pueden causar un dolor inmenso, la verdadera felicidad reside en la bondad y en el coraje de luchar por el amor sincero, sin importar la riqueza o la posición social. La ley del karma había actuado, y cada uno recibió su merecido.

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.

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