“¡Desenmascaré a mi marido infiel, haciendo que ‘se fuera con las manos vacías’!”

“¡Desenmascaré a mi marido infiel, haciendo que ‘se fuera con las manos vacías’!”

La ira de Nhan Vãn Giản era una fuerza elemental. Su vida, construida sobre el éxito corporativo y la confianza en su pareja, se desmoronó en el momento en que entró en la oficina de su prometido, Lý Chí. No vino a sorprenderlo con comida casera por sus “largas horas de trabajo”, sino a encontrarlo devorando algo mucho más amargo.

“¡Maldito, baja aquí de inmediato! ¡Lý Chí, suéltala!”, gritó Vãn Giản, la voz quebrándose entre el dolor y la furia.

Lý Chí intentó zafarse de su agarre. “¡Vãn Giản, cálmate! Te lo puedo explicar…”

Pero su explicación se vio interrumpida por una voz meliflua y venenosa. “Hermana, suelta a Lý Chí. Todo es culpa mía. No te desquites con él. Tranquila, también tendrás tu parte.” Era Nhan Nghệ, su propia hermanastra, sonriendo con descaro mientras sostenía una hamburguesa a medio comer.

“No me gusta la hamburguesa. Supongo que no te gusta la hamburguesa, ¿así que se la ofreciste a mi hermanastra, verdad? Donde hay humo, hay fuego. ¡Ambos van a pagar por esto!”, sentenció Vãn Giản, sus ojos fríos como el hielo.

La furia de Vãn Giản se desató en un acto de venganza primordial e impensable. Cogió un objeto contundente y golpeó salvajemente la zona más sensible de Lý Chí.

La sala de urgencias confirmó el daño irreparable. “El paciente tiene una laceración severa en su zona baja. Ambos quedaron destruidos.”

“¿Significa que no podrá…?”, preguntó la enfermera.

“Así es. Pobre hombre. Su novia acaba de llamar para cancelar el compromiso. No es de extrañar. Después de todo, el que se va a casar es un inútil.”

El corazón de Vãn Giản, a pesar de la rabia, sintió un remordimiento punzante, pero no por su venganza, sino por la inutilidad de su sacrificio. Mientras estaba al borde del abismo emocional, un hombre intentó saltar desde el tejado del hospital.

“¡No saltes! ¡Lo que sea, hablemos!”, gritó Vãn Giản. “Soy yo… Yo te lastimé. Lo siento. Si nadie te acepta, ¡yo me casaré contigo! No morirás solo. Si mueres, cargaré con la culpa toda mi vida. ¡Tienes que vivir!”

El hombre era Phó Thời Cảnh, un camarero al que Vãn Giản había herido accidentalmente en el mismo incidente. Parecía pobre, lisiado y, ahora, impotente.

“¿De verdad? ¿Te casarás conmigo?”, preguntó él con una voz extrañamente encantadora, mientras Vãn Giản lo sujetaba.

“Una mujer de palabra. Lo que digo, lo cumplo. Puedes venir a vivir a mi casa. Nos casaremos tan pronto como te recuperes. De hecho, ¡podemos ir hoy mismo!”, declaró Vãn Giản.

El matrimonio relámpago con un lisiado impotente se concretó. No era amor, sino una necesidad triple: vengar a Lý Chí, calmar su conciencia y cumplir con el testamento de su madre, que estipulaba que solo al casarse podría tomar las riendas del Grupo Phong Vãn.

Al día siguiente, Vãn Giản confrontó a su padre y a su hermanastra, Nhan Nghệ. “He venido a informarles que he cumplido con el requisito. De acuerdo con el testamento de mi madre, asumiré oficialmente el cargo de CEO de Phong Vãn mañana. El poder temporal de mi padre finaliza hoy. Papá, es hora de que te tomes un descanso.”

El padre, Nhan Khang, y Nhan Nghệ, sabían que la batalla apenas comenzaba.

Lo que Nhan Vãn Giản ignoraba era que su nuevo “esposo”, el lisiado y pobre camarero, no era tal.

En realidad, Phó Thời Cảnh era el carismático y brillante CEO del Grupo Phó, un gigante valorado en miles de millones. Su lisiadura era una farsa, y su matrimonio era parte de un plan maestro.

“No es un lisiado cualquiera; es un pobre y lisiado que necesita ser cuidado. Y yo necesito un matrimonio para asumir Phong Vãn. Es pobre, lisiado y no puede ser infiel. ¡Qué ganga!“, se decía Vãn Giản, sin saber que su “ganga” la había amado desde la escuela secundaria.

En casa, Vãn Giản trataba a Thời Cảnh con una mezcla de condescendencia y hermandad. Ella le compraba ropa interior de algodón que no le molestara “la lesión” e incluso lo regañaba por ser exhibicionista, olvidando que era su marido.

“¡Deja de hacer eso! ¡Me asustas! Todavía estás aquí, ¿no es así? En serio, ¿no me consideras un hombre? Por favor, ten un poco de cuidado y vístete decentemente.”

“Pero, ¿no estás lisiado? ¿Para qué tanto alboroto?”, se preguntó ella, sintiendo una punzada de culpa. Cuanto más lisiado, más sensible.

El padre y la hermanastra lanzaron sus ataques. Vãn Giản tenía que conseguir un contrato con el poderoso Grupo Phó para asegurar su puesto.

En una cena de negocios, Thời Cảnh, vestido con un traje que lo hacía parecer un “CEO dominante”, intervino para protegerla de un error. Aunque su presencia era incómoda, Vãn Giản vio su valía al conseguir que el representante del Grupo Phó no solo aceptara el trato, sino que ofreciera una ganancia mayor.

“¡Nhan Vãn Giản! Tu tolerancia es terrible. Debes beber menos después de hoy. ¡No seas tonta!”, la regañó Thời Cảnh, llevándola a casa.

Esa noche, la intimidad accidental despertó una tensión peligrosa. Vãn Giản lo tocó en un lugar comprometedor. “¡Siento algo duro!

“¡Suéltame! ¡Vãn Giản, compórtate!”, gritó Thời Cảnh.

Vãn Giản se dio cuenta. ¿Si tiene una reacción, significa que se puede salvar? Al día siguiente, lo arrastró al hospital, decidida a curarlo.

Tiempo después, en casa, Thời Cảnh, nervioso por mantener la farsa, le confesó una nueva mentira. “Vãn Giản, tengo que confesarte… la verdad es que mentí. Anoche, no tuve ninguna reacción. Lo simulé.”

“¿Simulaste?”, preguntó ella, decepcionada.

“Sí. Es un gran shock para un hombre. Entiendo que quieras el divorcio. No tienes que mentir por mi culpa. Ya dijiste que me cuidarías toda mi vida”, respondió Thời Cảnh, usando el arrepentimiento como arma.

Vãn Giản lo abrazó: “¡Eres tan bueno! No te preocupes. Prometí cuidarte toda la vida”.La hermanastra Nhan Nghệ y su ex, Lý Chí, se aliaron para sabotear el matrimonio. Nhan Nghệ robó los planos de un proyecto de cien millones y convenció a su padre de transferirle el proyecto a ella.

“¡Vãn Giản, estás acabada! ¡La silla de CEO es mía!”, se burló Nhan Nghệ.

En un ataque de celos, Nhan Nghệ usó el nombre de Lý Chí para burlarse de Thời Cảnh. Vãn Giản la defendió, humillándola. “¡Mi marido es mejor que ese bastardo de Lý Chí! ¡Inteligente, guapo y con cerebro!”

Pero el padre y la hermanastra no se rindieron. Estaban dispuestos a hundir la empresa para quitársela a Vãn Giản, ofreciendo al Grupo Phó (sin saber que Thời Cảnh era su CEO) el 10% de las ganancias en tres proyectos si cambiaban de representante, lo que habría causado la quiebra de Phong Vãn.

Thời Cảnh intervino de nuevo, mostrando el contrato a Vãn Giản: una cláusula establecía una penalización de 3 mil millones de yuanes si se cambiaba al representante. Vãn Giản, aliviada, pudo usar el contrato para desmantelar el plan de su familia y amenazar a Nhan Nghệ con la ruina personal.

“Todo lo que hice fue leer el contrato que firmaste. ¿No te dijo tu madre que leyeras la letra pequeña?”, dijo Thời Cảnh.

Tras defender a su esposo, Vãn Giản comenzó a sentir una atracción incontrolable.

La creciente tensión se rompió con la última confrontación. Vãn Giản, decidida a saber la verdad sobre su “lesión”, lo enfrentó con los informes médicos.

¡Mentiste! Un urólogo privado ha certificado que estás perfectamente bien. El informe anterior era falso. ¡El urólogo es tu lacayo! O me mientes porque eres un inmaduro, o fingiste la lesión para casarte conmigo. ¡Lo que significa que eres un desvergonzado! ¡Quiero el divorcio!

Tiempo después, Thời Cảnh, desesperado, le pidió a su asistente, Trợ Lý Dương, que organizara una reunión con la élite de los negocios (que eran amigos de su familia) y un thần y (curandero) que él había sobornado, para “curarle” la lesión. Vãn Giản, creyendo que era la única forma de salvar su matrimonio, asistió.

En la mesa, el curandero declaró que su lesión estaba curada. Vãn Giản, aunque dudó de la farsa, se sintió aliviada.

Sin embargo, el padre y la hermanastra, que la habían seguido, se burlaron. “¡Es una farsa! ¡Él es impotente! ¡Estás cometiendo fraude matrimonial!

La confrontación explotó. Vãn Giản, harta de las mentiras de su familia, los defendió ferozmente, incluso destruyendo el teléfono de Nhan Nghệ que contenía las pruebas.

En ese momento, la madre de Phó Thời Cảnh, la verdadera y poderosa Sra. Phó (Dương Hồng), apareció. Ella reveló la verdad a Vãn Giản:

El amor secreto: “Vãn Giản, estos son mis hallazgos. Tú y él fueron compañeros de clase en la escuela secundaria. Mi hijo te ha amado desde entonces. Tardó años en ponerse en forma y estudiar para ser digno de ti. Cuando estaba a punto de declararse, ya estabas con otro hombre. Por eso fingió estar lisiado, temiendo perderte.”

La traición familiar: El padre y la hermanastra habían abusado de la identidad de Thời Cảnh (sin saber que era el verdadero CEO) para iniciar el bloqueo de Phong Vãn y obligar a Vãn Giản a renunciar.

Vãn Giản, abrumada por la verdad y la ternura de ese amor secreto, finalmente creyó. “¡Me amaste en la escuela secundaria! Si no me hubieras mentido tantas veces, ¿quién me asegura que no me habrías dejado por otra?

Phó Thời Cảnh, sin poder mentir más, confesó la verdad total: “No era un hombre de cientos de miles de millones, sino de miles de millones a nivel internacional. Lo siento, Vãn Giản.”

Vãn Giản, a pesar de la revelación de la riqueza, seguía furiosa por la mentira y exigió el divorcio.

Vãn Giản huyó de casa, pero la furia del verdadero CEO del Grupo Phó no se detuvo. Phó Thời Cảnh usó su poder real para la venganza final.

La Ruina del Padre y la Hermanastra: Utilizando el pretexto del “fraude” de Nhan Khang y Nhan Nghệ, Thời Cảnh activó una investigación corporativa completa. Despidió a Nhan Khang y Nhan Nghệ de la junta, despojándolos de todos sus activos, vehículos y propiedades. La única propiedad que les quedaba era una “casa de campo en el pueblo”.

El Castigo de Lý Chí: Ordenó a sus abogados que revivieran el caso de Lý Chí y su falta de ética, asegurándose de que fuera expulsado del colegio de abogados y que su vida profesional quedara arruinada para siempre.

La Reconciliación Final: Tiempo después, Vãn Giản, al ver la ruina de su familia, se sintió conmovida. Los antagonistas, ahora mendigos, intentaron pedirle ayuda, pero ella se mantuvo firme. Finalmente, ella aceptó hablar con Phó Thời Cảnh. Él le reveló que había transferido el 51% de las acciones del Grupo Phó a su nombre y que ella controlaría la empresa.

“Vãn Giản, solo quiero estar a tu lado toda la vida, tener hijos y envejecer juntos. Con mis genes superiores, nuestros hijos serán los más hermosos de Hai Cheng.”

Vãn Giản, al borde de las lágrimas, aceptó. “¡Lo prometo! Si alguien te miente de nuevo, que sea una gallina.”

El matrimonio falso se convirtió en una unión real y apasionada.

Tiempo después, Nhan Khang y Nhan Nghệ, al enterarse de la inmensa riqueza de Phó Thời Cảnh, regresaron para suplicar. Vãn Giản los enfrentó, ahora como la verdadera CEO del Grupo Phong Vãn y la dueña de la mitad del Grupo Phó.

“¡Desenmascaré a mi marido infiel, haciendo que ‘se fuera con las manos vacías’! Y despojé a mi familia codiciosa. Ahora, mi verdadero marido me ha dado un imperio. Señor, ¿quién es el que se ha ido con las manos vacías ahora?

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